Gio Urshela: “Quiero que Colombia se sienta orgullosa de sus beisbolistas”

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El cartagenero se ganó el puesto de tercera base titular de los Yanquis de Nueva York. Ha tenido una temporada de ensueño en la que se ubica como uno de los líderes de bateo y fildeo de la organización. Su aporte tiene a los bombarderos del Bronx cerca de volver a ganar el banderín de la División Este de la Liga Americana, después de siete años.

Yankee Stadium, lunes 12 de agosto de 2019. 1:33 p.m. La mirada del cartagenero Giovanny Urshela se fija en Gabriel Ynoa, lanzador de los Orioles de Baltimore, un derecho dominicano de 26 años, con tres temporadas de experiencia en las Grandes Ligas, quien con un pitcheo en la zona baja de strike, a 95 millas por hora (mph), lo engaña y lo obliga a hacer un swing descontrolado. El colombiano respira, baja la cabeza, da dos pisotones a la caja de bateo. Vuelve a mirar al rival.

Existe una confianza nunca antes vista en Urshela. Y no es para menos, vive un momento mágico en las ligas mayores del béisbol de Estados Unidos, nada más ni nada menos que con un equipo mítico como los Yanquis de Nueva York. Ni desde que debutó con los Indios de Cleveland en 2015 hasta 2018 cuando jugó algunos partidos con los Azulejos de Toronto, se le había visto tal seguridad, esa que brinda una campaña de ensueño.

Llega a este partido contra los Orioles con un promedio al bate en los últimos siete partidos de .469, quince carreras impulsadas y siete cuadrangulares, uno menos de los que conectó entre 2015 y 2018. Con grandes demostraciones de habilidad y oportunismo ofensivo, se ganó el puesto de tercera base titular y es uno de los grandes responsables de que la novena del Bronx se encuentre liderando la División Este de la Liga Americana, 8,5 juegos por delante de los Tampa Bay Rays, y muy cerca de coronarse campeona divisional por primera vez desde 2012.

El calor sofoca a los 42.800 asistentes al Yankee Stadium, muchos buscan refrescarse, la mayoría se alejan de las tribunas en busca de la sombra. La sensación térmica está en 30 grados. Urshela se siente como en casa, se ubica en la caja de bateo con cuenta de dos bolas, dos strikes. En esos cuatro lanzamientos que vio de Ynoa, tres de ellos fueron rectas, es lo que espera para el próximo. El pitcher suelta la bola, que logra una velocidad de 94 mph. El colombiano la reconoce, suelta el bate. Un sonido agudo se toma el estadio. Miradas al cielo… ¡Cuadrangular!

Un jonrón histórico para Urshela, para Colombia. El cartagenero se convirtió en el pelotero nacional con más batazos de cuatro esquinas en una temporada: 18. Deja atrás la marca de Orlando Cabrera (17) lograda en 2003. Con esa misma sonrisa con la que recorrió las bases, atendió a El Espectador para repasar su carrera y analizar el buen momento que vive. La Gran Manzana es suya.

¿En qué barrio de Cartagena creció?

En el Paseo Bolívar. Allí viví toda mi infancia con mis papás, Álvaro Urshela y Uldy Salcedo, y con mi hermano, Jonathan. Tuve grandes amigos, con los que siempre buscábamos cualquier esquina para jugar pelota. No nos importaba que no hubiera grama: hacíamos una bola con medias y conseguíamos cualquier palo para batear. También jugaba microfútbol, fútbol y baloncesto.

¿Microfútbol, fútbol y baloncesto?

Sí. Eran deportes que también me llamaban la atención. En micro y en fútbol fui arquero y lo hacía bien, por eso siempre me dejaban ahí. Mientras que el baloncesto solo lo practiqué por dos semanas, después me aburrí y lo dejé de lado.

¿Cómo fue el primer acercamiento que tuvo al béisbol?

Fue un deporte que desde siempre me gustó. Cartagena es una tierra en la que se practica mucho. Y el gusto comenzó por mi hermano. A él lo acompañé a sus partidos y el juego comenzó a interesarme. Tenía como cuatro o cinco años y desde entonces siempre lo he jugado.

¿No lo practicó en una escuela?

Sí. Comencé en Comfenalco. Tenía como nueve años cuando asistí por primera vez. Arranqué como campocorto, porque fue una posición que me llamó mucho la atención. Tenía la habilidad de llegar a la bola rápido y lanzar al pecho del jugador en primera base. Con este equipo jugué en un torneo de Pequeñas Ligas que se llevó a cabo en Panamá, en 2004.

¿Siempre se destacó con el guante?

Pues se me ha facilitado desde que tengo memoria. Cuando era pequeño me gustaba coger rodados cuando jugaba con mis amigos o practicaba con mi papá o mi hermano, pero pienso que me ayudó bastante fildear en los estadios de Cartagena, en los que existían bastantes piedras y huecos, lo que hacía que la bola tomara un rumbo inesperado. Creo que esto mejoró mucho mis reflejos.

¿Cuánto tiempo le dedicaba a este deporte?

Mucho. Una de las personas que más me apoyó fue Miguel Teherán, tío de Julio (lanzador de los Bravos de Atlanta). Con él siempre entrené sin importar el día o la hora. Muchas veces nos reuníamos un 25 de diciembre o un 1° de enero. Desde que era pequeño siempre estuvo pendiente de mí y me ayudó mucho en el proceso formativo.

¿Cuándo se dio su acercamiento a las Grandes Ligas?

Tenía catorce años cuando estuve en una presentación de talentos en Turbaco. Los Yanquis de Nueva York se fijaron en mí, pero no podían firmarme porque aún no había cumplido los 16 años (edad mínima establecida por las Grandes Ligas para firmar peloteros), un año después sufrí una lesión y tras recuperarme llegué a un acuerdo con los Indios de Cleveland, en 2008.

¿Qué tipo de lesión sufrió?

En la rodilla. Me rompí los meniscos.

¿Cómo fue la recuperación?

Un proceso bastante fuerte, porque era la primera vez que sufría una lesión así y tenía que ser operado. Mentalmente fue algo muy difícil para mí. Llegó un momento en el que pensé que no iba a volver a jugar, porque me molestaba mucho la rodilla. Sin embargo, puse todo de mi parte y logré salir adelante.

¿Qué pasó con los Indios de Cleveland?

No pasó nada malo. Por el contrario, vivo agradecido con ellos porque me dieron la oportunidad de jugar en Grandes Ligas. Fueron once años en los que aprendí bastante, maduré como pelotero y como persona. Gracias a ellos y a su apoyo soy lo que ahora soy. Llegó el momento en el que me cambiaron para los Azulejos de Toronto y lo comprendí. Entiendo que esto es un negocio y los equipos hacen lo que es mejor para ellos.

Jugó poco en Toronto y después se fue con los Yanquis. ¿Cómo llegó tras esos dos cambios en menos de un año?

Es duro porque uno siempre busca establecerse. Pero la idea siempre fue seguir adelante, nunca bajar la cabeza y trabajar fuerte por lo que quería. El apoyo de mi familia fue fundamental y gracias a esto logré cumplir los objetivos trazados.

¿Alguien le aconsejó cambiar su forma de pararse en el plato?

No. Fue una decisión que tomé porque al fin y al cabo soy yo el que voy a estar ahí parado. Así me sentía más cómodo. Pero sí me ayudó mucho el trabajo con Phil Plantier, coach de bateo del equipo de Triple A (Scranton Wilkes-Barre RailRiders). Siempre me dijo que confiara en mí, que tenía que creerme lo talentoso y bueno que era. Eso me ayudó a seguir adelante y a ser el bateador que soy.

¿Qué es lo más difícil de ser beisbolista?

En la vida muchas cosas que uno quiere requieren de sacrificio, pero en este deporte es mucho más. Como profesional, pierdo muchos momentos con mi familia, como los cumpleaños de mi mamá, de mi papá, por estar viajando con el equipo o concentrado para un partido. Pero este fue el sueño que escogí y debo trabajar muy duro para que se siga haciendo realidad. El sacrificio ha valido mucho la pena, puesto que se ven los resultados.

¿Cuál es su mejor anécdota con los Yanquis?

Difícil escoger solo una. Esta temporada me han pasado tantas cosas tan importantes aquí, como dar el hit de oro para pasar al primer lugar contra Tampa Bay o batear por primera vez dos cuadrangulares en un partido. No puedo elegir.

¿Cómo ve al equipo para la postemporada?

Tenemos excelentes jugadores y un gran mánager. Estamos preparados para jugar una Serie Mundial. Desde que llegué aquí hay un ambiente muy positivo para lograr algo que la organización no ha hecho desde 2009. Creemos firmemente en lo que tenemos. Falta mes y medio para que la temporada finalice y nuestra idea es mantenernos jugando a este nivel para jugar el Clásico de Otoño, que es lo que queremos.

¿Qué tanto cree que su actuación con los Yanquis ayude para que en Colombia exista un mayor gusto por el béisbol?

Espero que mucho. La idea es que sigan llegando muchos más jugadores colombianos a Grandes Ligas, que en el país volteen a mirar más este deporte y que sepan que también trae muchas alegrías. Somos varios los peloteros que queremos dejar la bandera de Colombia en lo más alto y que todo el país se sienta orgulloso, no solo de mí, que estoy con los Yanquis, sino de todos los que estamos aquí.

¿A qué se debe el aumento en la cantidad de peloteros colombianos en Grandes Ligas?

Creo que los que llegamos hasta aquí nos terminamos convirtiendo en un modelo a seguir para todos los jóvenes que se encuentran en Ligas Menores o en su casa viendo el trabajo que realizamos día a día. Además de eso se suma el apoyo que han hecho diferentes equipos de la MLB en Colombia, eso les da confianza y es un motivo que los ayuda a tener esperanza en que los sueños se hacen realidad.

¿Cómo mantener los pies en la tierra cuando todo el país está pendiente de lo que usted hace?

El pueblo colombiano nos ha brindado un apoyo impresionante a todos los deportistas que estamos representando al país en diferentes deportes: béisbol, fútbol, tenis, ciclismo… Eso nos ayuda a seguir luchando y es una motivación para continuar haciendo las cosas bien.

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